Museo de Arte Oriental
Videovigilancia IP para 500 años de historia
Cuando la historia del continente y del contenido de un museo es tan extraordinaria como el propio valor de la colección, es muy difícil explicar dónde está el interés esencial… todo es curioso, todo tiene una historia que contar. Este es el caso del Museo de Arte Oriental de Valladolid. Para guardarlo “sin molestar” están instaladas más de una veintena de cámaras MOBOTIX.
En un majestuoso edificio de 1759, proyecto de Ventura Rodríguez, se encuentra el Real Colegio de los Padres Agustinos de Valladolid. Una institución que desde hace casi 500 años ha ido atesorando, con un respeto e inquietud (inusitadas para la época), distintos objetos artísticos y etnográficos de China, Filipinas y Japón. Cerca de 14.000 visitantes al año son testigos de ese tesoro.
A lo largo del siglo XVI, en pleno apogeo de las misiones pastorales, 3.000 sacerdotes españoles viajaron hasta las tierras de las que hablaba Marco Polo para evangelizar Extremo Oriente. De este mismo convento salieron 2.000. Muchos de ellos morían en su aventura catequista, y los pocos que regresaban con vida, iban trayendo en sus equipajes objetos de aquellas culturas. Su interés era explicar a los jóvenes que salían cómo vivían y en qué creían aquellos a los que iban a evangelizar.
Así fue como a lo largo de los siglos se fue consolidando una colección magnífica que se convirtió en museo en 1874. Lacas, sedas, cerámicas y porcelanas, bronces, marfiles… y utensilios cotidianos de todo tipo: un compendio de arte y cultura china, filipina y japonesa en unos objetos que, en algunos casos, son difíciles de ver en los propios países de origen. El valor de estos objetos les convierten en auténticas obras de arte que hay que salvaguardar.
Obras de arte seguras
El Padre Blas Sierra es el director del Museo. Según cuenta, la seguridad ha sido una cuestión sensible desde que se abrió al público. Este sacerdote, quien ya se encargó en 1979 del anterior sistema de video vigilancia (“en aquel momento el mejor del mercado”, señala) estaba encantado con lo que había, “durante 26 años funcionó sin incidentes, así que cuando llegó el momento de cambiar la tecnología, aprovechando la reforma que se estaba llevando a cabo en el museo, llamamos a la misma empresa que lo instaló en los años setenta”, recuerda el P. Blas Sierra.
En aquel entonces fue la compañía Investigación y Consulting (Invescon), una organización dedicada a la integración de soluciones, la encargada del proyecto y que en 2006 volvió a hacerse cargo de la implantación del sistema de video vigilancia del Museo.
De forma que cuando se le planteó la necesidad de instalar un completo sistema que integrara imagen, con infrarrojos, detectores de movimiento y luminosidad, audio … y todo en uno, los padres confiaron en la compañía que les había dado un buen servicio durante casi tres décadas… y su propuesta era MOBOTIX.
“En un principio, antes de iniciar el proyecto, antes de ejecutar la reforma, se propuso otro tipo de cámaras y sistemas, pero por las propias características del Museo, las mejores eran las cámaras Mobotix, tanto por la propia instalación, como por las necesidades del Museo. Era necesario contar con un sistema de grabación sencillo y hemos utilizado el dispositivo de infrarrojos y la posibilidad de dar un pequeño aviso acústico si alguien se acerca a las vitrinas”, explica Pedro Crespo, responsable del proyecto en Invescon.
“Los protagonistas en un Museo son las piezas, todo lo demás, no tiene que verse, así que el sistema de seguridad tiene que ser muy discreto. Por eso siempre pensamos en un proyecto digital, de cámaras pequeñas y conectadas a un ordenador”, declara el Padre Blas.
Facilidad de uso
El personal del Museo de Arte Oriental de Valladolid es únicamente interno, es decir, religiosos del convento. Esto implica que la tecnología que se debía utilizar tenía que ser de fácil uso, sencilla de mantener, de bajo coste, intuitiva, fácil de escalar…. “Además de que sea fácil y que cualquiera de nosotros podemos manejar el sistema sin complicaciones, nos hemos dado cuenta de que ahorramos en recursos y tiempo, porque como podemos ver en todo momento lo que hace el visitante, no tenemos que estar en las salas permanentemente y con uno de nosotros podemos vigilar las 18 salas sin problemas”, señala el Padre Blas.
En septiembre de 2006 comenzó el proyecto y se fue ejecutando en función de la propia reforma que acometió el Museo. Después de unos meses de prueba, mientras aún se culminaban las obras de rehabilitación del edificio, toda la infraestructura de seguridad estaba a pleno rendimiento.
En noviembre ya estaban funcionando todas las cámaras instaladas en las salas y los accesos al Museo. Posteriormente, se han instalado cinco dispositivos más en el claustro con el fin de controlar los accesos y ofrecer más garantías a los visitantes. En concreto se han implantado 19 cámaras D10 – domo – en las salas, y cinco M12 en el claustro. Las D10 permiten con su lente de 22 visualizar las estancias del museo con pocos dispositivos, mientras que las M12 con un objetivo de 43 permiten controlar el paso de personas alrededor del claustro.
“En la sala más amplia, disponemos de tres domos, ya que es una sala de aproximadamente 20 metros de largo y 7 de ancho. Al ser tan rectangular, instalamos dos en los extremos para los accesos y otra en la mitad de la sala con la que se controla la parte central. Los sistemas Mobotix nos han permitido integrar todos los elementos necesarios e incorporar cámaras de forma fácil con un único sistema”, explica Pedro Crespo de Invescon.
Más que seguridad
Otras ventajas añadidas al utilizar los sistemas de MOBOTIX es que hay otras muchas utilidades que estas cámaras pueden ofrecer a un museo como este. Por ejemplo, utilizar sus altavoces como sistema de megafonía para dar avisos a los visitantes: “Sobre todo como disuasorio para los grupos de colegios, cuando no tienen un correcto comportamiento. Así, decimos desde el puesto central, que se comporten, y ellos se darán cuenta que no están solos y de que hay alguien que les está vigilando,” apunta el Padre Blas, añadiendo que en general el público que visita el museo tiene un comportamiento exquisito.
Además, desde el punto de vista de servicio al visitante, es muy interesante. Se puede estudiar el comportamiento del público, para así detectar las áreas de interés de los distintos perfiles de personas que visitan el museo. Como no hay nadie en la sala observando cada uno de sus movimientos, el visitante se siente más cómodo para observar las piezas en la sala sin esa presión que se experimenta al sentirse observado.
Las cámaras MOBOTIX instaladas por Investigación y Consulting han supuesto un gran avance para el Museo de Arte Oriental de Valladolid. Además de que prácticamente son invisibles para los visitantes, de la completa tecnología integrada en un mismo dispositivo, y lo fácil de usar… permite a los Padres Agustinos, custodios de la colección, tener más tiempo. A buen seguro, lo destinarán a continuar su labor investigadora sobre el arte y la cultura de Extremo Oriente y a seguir publicando libros para acercarnos a través de estos objetos (como ya lo hicieran en el S.XVI con sus propios hermanos de la congregación de San Agustín) una cultura tan rica e interesante.





